Han pasado ya muchos días desde el nacimiento del bebé y continuas en la fase de “Coitus non existus”. El cuidado del bebé le ocupa tanto tiempo a tu pareja que cuando os encontráis de nuevo bajo las sábanas solo puede pensar en una cosa y sabes perfectamente que no es en ti. Además su cuerpo ha cambiado y tras el embarazo no se encuentra a gusto con los kilos de más que ha ganado. Sin embargo tu sigues siendo el mismo, tu entorno ha cambiado de manera radical, ya hemos hablado antes de esto, pero la parte de tu cerebro que se encargaba de la líbido sigue palpitando exactamente igual. ¿Cómo es posible?

Llevas días durmiendo a ratos, trabajando y cuidando del bebé, solo piensas en dormir durante cinco o seis horas seguidas, pero de repente, la visión de tu pareja preparándose para darle el pecho al bebé, en lugar de despertarte un bonito sentimiento paternal, te hace recordar los viejos buenos tiempos en los que eras tú el que ocupabas el lugar del lactante.

Tu cabeza empieza a volar y te desconectas de la realidad por unos instantes dando rienda suelta a tus fantasías más sexuales. Es entonces, cuando tu pareja, te despierta de las ensoñaciones pidiéndote que cambies al bebé, pues ha vuelto a ensuciar los pañales ¡y tú pensando en el sexo! Volver a tener a tu bebé en brazos hace que te olvides del sexo por un momento, y que tus pensamientos se vuelvan mucho más profundos. ¿En qué nos estamos convirtiendo? El sexo es lo que nos diferencia de ser simplemente dos compañeros de piso. ¿Porqué ya no le atraigo? ¿Ella no tiene las mismas necesidades que yo? De alguna manera vuelves a sentir celos del bebé. Se te pasa por la cabeza pensar que tu mujer está con otro. En este caso con otro que es mucho más adorable, que huele veinte veces mejor que tú y entra y sale de vuestra cama como Pedro por su casa.

Los sentimientos contradictorios vuelven a invadirte y es inevitable llegar a la conclusión de que cuando tienes un bebé, el sexo ya no es algo espontáneo sino una cosa más en tu lista de tareas pendientes.

La clave; en un folleto de avión

En la película de David Fincher “El club de la lucha”, Tyler Durden interpretado por Brad Pitt, reflexiona sobre las caras de felicidad y tranquilidad  que muestran las personas que aparecen en los folletos de seguridad que se encuentran en los asientos de los aviones. Según él, sería más lógico ilustrar a los pasajeros con caras de pánico y horror, pues es difícil imaginar que en caso de un posible accidente la gente sonría y mantenga la calma de esa manera. Desde entonces, cada vez que tengo la ocasión de volar, analizo con atención estos folletos fijándome en todos los detalles. La primera vez que subí a un avión siendo padre primerizo me di cuenta de algo que iluminó mi vida en pareja.

Cada compañía aérea tiene sus folletos, pero todos explican cómo reaccionar en caso de accidente o despresurización de la cabina. Si el avión sufre una despresurización, en la mayoría de aviones, se descuelgan automáticamente unas mascarillas de oxígeno del techo sobre cada pasajero. ¿Que haría cualquier padre primerizo de manera instintiva si viajara junto a su hijo? Lo primero que yo haría, sin pensármelo dos veces, es ponerle la mascarilla a mi hija y luego me la pondría a mi. ¿Parece lo lógico, no? Pues si os fijáis, los protocolos de seguridad dicen que hay que hacer justo lo contrario. El primero que debe colocarse la mascarilla es el adulto y luego encargarse del niño o del bebé.

¡Y tu, pensando en el SEXO!


Si el padre no está bien será incapaz de proteger la vida de su hijo
, y esto me hizo reflexionar profundamente. Cuando somos padres nos centramos tanto en cuidar y proteger a nuestros hijos que nos olvidamos de cuidarnos a nosotros mismos. Vuestra relación de pareja es la que ha terminado formando una familia, y si esta relación se rompe o se debilita, terminará por afectar sin duda a la estabilidad del resto de componentes de la misma.

 

Sugerencias para mantener tu vida sexual viva, cuando tienes un bebé.

  • Sal y disfruta de una cita con tu pareja lo antes posible. Hay madres incapaces de dejar al bebé al cuidado de otra persona incluso cuando ya tienen dos o tres años. De alguna manera piensan que el bebé no lo va a poder soportar. Habla con tu pareja y explícale lo importante que es vuestra relación para la seguridad de vuestro bebé y la estabilidad de la familia. Cuando acceda, piensa que es vuestra primera cita. Así que no la presiones con el sexo. ¡Fiera!
  • Canaliza la intimidad no sexual fuera de la habitación. Los niños son auténticas aspiradoras de intimidad, pero debes guardar algo para tu pareja. Abraza a menudo a tu pareja cuando no esté el bebé por medio, reservad un momento del día para estar solos y charlar de vuestras cosas. Recuperar, por ejemplo, el momento de la cena para estar juntos y tratad, aunque parezca imposible, que todas las conversaciones no giren en torno al bebé.
  • Ayúdale a recuperar su autoestima. Recuérdale lo guapa que la encuentras y lo mucho que te sigue atrayendo. Que ella se sienta bien será fundamental para el éxito de nuestra gesta.
  • No dejes que tu hijo duerma en vuestra cama. Sé de lo que estoy hablando, pues no solo dificulta logísticamente el sexo, sino que es una intrusión a la tan necesaria intimidad y a la separación que los padres necesitan de sus hijos.

Gracias a aquel folleto del avión descubrí, que no se trata sólo de sexo, sino de pasión, de complicidad, de intimidad y confianza. Es por ello, que desde aquel día, taché “tener sexo” de mi lista de tareas pendientes y la sustituí por “volver a conquistar a mi pareja”.

 

Guía urgente del padre primerizo

Extracto del libro: “Guía urgente para el padre primerizo”.
Editorial Larousse. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados.
- 197 páginas y 32 ilustraciones.

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