Si hubiera que marcar en un calendario cual es la primera vez que un bebé entra sociedad, diría claramente que ese día es el primero que lo llevamos al parque. Sí, y cuando digo esto sé perfectamente que todos nos imaginamos un parque con algunos columpios y banquitos donde solemos llevar a que le pegue el aire a nuestro bebé. En este lugar no solo aprovecharemos para poner a prueba las habilidades motrices de nuestro hijo, sino que también aprovecharemos para comprobar sus habilidades sociales. Por primer vez podrá interactuar con otros niños desconocidos, pero lo más importante de todo es que nosotros podremos empezar a relacionarnos con sus padres.

Este puede llegar a ser uno de los puntos más delicados en nuestra etapa como padres primerizos, pues de partida, lo único que tenemos en común con estas personas es que también hemos tenido un hijo y que nos quedan muchas horas de parque por compartir.

 

¿Qué tipo de padre eres?

A grandes rasgos podríamos definir varios tipos de padres según la forma de educar a sus hijos:

  • Padres autoritarios. Son los que marcan unas normas muy exigentes y unas altas expectativas para sus hijos sin querer escuchar la opinión de sus hijos. Para este tipo de padres no existe ningún tipo de negociación con sus hijos.
  • Padres permisivos. Estos padres no dejan claras sus normas o si las dejan  no son estrictos con su cumplimiento. Están muy abiertos a los sentimientos de sus hijos y les gusta tratarlos como a “colegas”.
  • Padres democráticos. Son los padres que marcan las reglas y expectativas que esperan que sigan sus hijos pero están abiertos a escuchar sus sentimientos y opiniones sobre las mismas animándoles a encontrar juntos soluciones creativas a los problemas planteados.
  • Padres negligentes o indiferentes. Se trata de padres con bajos niveles afecto, exigencia y comunicación hacia sus hijos y se suele dar normalmente en el seno de familias desestructuradas.

Los padres helicóptero

Hace poco, gracias a un amigo bloggero, descubrí la existencia de un término para definir un tipo de comportamiento característico de muchos padres que ya había detectado y que no entraba dentro de los grupos anteriormente descritos. Me refiero al término de “padres helicóptero”, que hace referencia a ese tipo de padres que se empeñan en sobrevolar constantemente la vida de sus hijos alertándoles continuamente sobre posibles peligros, evitándoles que cometan errores y solucionándoselos una vez los han cometido. Son esos padres que persiguen a sus hijos por todo el parque sin quitarles el ojo de encima, esos padres que discuten con otros niños para defender al suyo o esos padres que dan lecciones a otros padres sobre cómo deben educar a sus hijos.

Este fenómeno suele ser comprensible en las primeras etapas de la vida de nuestros hijos, pero empieza a ser preocupante cuando los niños crecen y los padres siguen ocupándose de las tareas y conflictos a los que ellos ya deberían hacer frente por si solos: Atarse los zapatos, cortarse la carne, pedirle algo a otro adulto… Una prueba ideal para saber si os estáis comportando como padres helicóptero es escucharos a vosotros mismos cuando habláis de vuestro hijo y analizar si decís frases como estas:

  1. Hoy nos hemos caído en el parque (cuando es él el que se ha caído)

  2. Hoy tenemos un montón de deberes (cuando es él el que los tiene)

  3. Mañana tenemos partido (cuando es él el que juega y no tú).

 

De todas maneras solemos estar siempre más dispuestos a ver este tipo de comportamientos antes en los otros padres que en nosotros mismos, y en ocasiones, juzgamos sin pensar que nosotros también llevamos a un padre helicóptero en nuestro interior. Seguro que en muchos momentos de nuestra paternidad, y sobre todo cuando somos primerizos nos comportamos como auténticos helicópteros de seguridad tratando de proteger a nuestras crías.

Muchos padres helicóptero empiezan con buenas intenciones pues es muy difícil de encontrar el equilibrio en tratar de comprometerse con nuestros hijos y sus vidas, pero no tanto como para hacernos perder la perspectiva de lo que realmente necesitan. Es necesario que los niños aprendan a aceptar fracasos, asumir errores y a superar retos. Si nunca se equivocan o cuando lo hacen siempre está allí papá para solucionarlo no desarrollarán la confianza en ellos mismos ni la autoestima.

Padres helicóptero

Odio los grupos de Whatsapp

El fenómeno de los padres helicóptero se acentúa notablemente cuando los niños empiezan a tener deberes que hacer en casa o les empiezan a poner exámenes en el colegio. Los padres y madres helicóptero actuales, organizados a través de grupos de Whatsapp, se encargan de supervisar las tareas que no ha podido apuntar su hijo en clase, preguntan por el resultado de un problema o directamente se quejan de lo mucho que tienen que estudiar para el examen de mañana como si fuesen ellos los que se presentan al examen.

Yo directamente me he declarado, “anti grupos de Whatsapp del cole”. Sé que es una posición acomodada y un tanto cobardica, pues le he dejado el marrón directamente a mi pareja, pero pienso que con todo el “teje maneje” que se llevan los padres le estamos haciendo un flaco favor a nuestros hijos.

Terra ¡mena, mena!

Son las 11:30 de un cálido sábado de Mayo y te encuentras en tu parque de confianza columpiando a tu hija en el columpio. En eso se te acerca otro padre al que conoces de vista pero con el que nunca has tenido el placer de hablar. Lleva de la mano a un niño que a simple vista asemeja una edad parecida a la de tu hija. Te ofrece un “hola” a modo de saludo y sin más dilación empieza a columpiar a su pequeño con alegría. Quizás con demasiada alegría para tu gusto, pues no deja de decirle cosas al niño con esa voz infantiloide que tanta rabia te da:

_ ¿Tí? ¿Le guta a mi nene? ¿Le guta el columpito? ¿Le guta?

Creo sinceramente que no le hacemos ningún bien a los niños cuando les hablamos de esta manera ¿Qué se les pasará a los pequeños por la cabeza? Muchas veces intento imaginarme lo que pensará el niño: ¡Vaya! ¡Ya le ha vuelto a dar un aire a mi padre! ¡Con lo normal que parecía!

De repente, el padre interrumpe tus ensoñaciones y pregunta cogiéndote totalmente por sorpresa:

_ ¿Cuanto tiene?

_ ¿Qué? ¿Cuanto tiene de qué? – respondes confundido.

_ La niña, que cuantos años tiene la niña… – te dice con una amable sonrisa.

Es con esta frase con la que se inicia todo, es la frase mágica para entablar una conversación con otro padre o con otra madre. Si contestas a esta sencilla pregunta estarás aceptando las reglas no escritas del juego, que dicen que una vez has contestado diciendo la edad de tu hijo ya se puede hablar de cualquier tema o realizar cualquier tipo de pregunta, por muy íntima o personal que esta pueda resultar.

_ ¿La llevas a solfeo?

_ ¿A solfeo? – preguntas sorprendido – Si todavía no ha cumplido el año… – Dices sin dejar de columpiar a tu hija.

_ ¡Un año! Con un año mi Manolín ya iba a primero de piano, a clases de inglés y sabía montar en bici sin ruedines.

Tú, aturdido por todo aquello, miras a tu hija, que ajena a la conversación disfruta del balanceo del columpio cerrando los ojos y luego miras hacia el pequeño Manolín, que hace rato se ha bajado del columpio y esta sentado en el suelo metiéndose puñados de tierra en la boca y diciendo: Tierra, ¡Mena, mena! Vuelves a mirar a su padre y le contestas con tono irónico: ¡Oye! Tienes que llevarlo a que lo miren, ¡a ver si va a ser superdotado!

 

Guía urgente del padre primerizo

Extracto del libro: “Guía urgente para el padre primerizo”.
Editorial Larousse. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados.
- 197 páginas y 32 ilustraciones.

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