Capítulo 8: TODOS SON PAPÁS GILIPOLLAS

24 de Oct de 2006

Sé que es una afirmación un poco ruda, y digna de ganar muchos enemigos, incluso de que me pongan un ojo morado o algo peor; pero dejad que me explique:

La pequeña Mar ya va al cole. Va a un cole en el que una vez se ‘recoge’ a los zagales, las profesoras permiten que los padres y los niños se queden un rato retozando por el patio y haciendo uso de los columpios y demás atracciones que el recinto ofrece. Este es uno de esos momentos en que a los padres primerizos se nos abre un nuevo universo: “Los papás de los demás niños”. Se trata de una gran novedad para todo padre primerizo, ya que no podemos decidir a los amiguitos de nuestros hijos y muchísimo menos a los papás de estos.

Yo, que me considero una persona social y quiero ser un papá moderno, intento hacer buenas migas con cualquiera que se nos arrima. Lo malo es cuando hay una disputa entre los niños y los padres mediamos por ellos, o todo lo contrario:

Papagilipollas-1: – Que rápido crecen eh?
Padreprimerizo: – Sí, ¡ja,ja!

(Intento hacer una mueca de sonrisa sincera pero creo que no convence) ¿Cómo se puede iniciar una conversación con otro papá sin parecer gilipollas y sin entender de fútbol?

Padreprimerizo: – …¿Cuantos años tiene ya el tuyo?
Padregilipollas-1: – 21 meses y medio, ¿y la tuya?
Padreprimerizo: – Pues la mía tiene … mmm… Un año y pico.

¿Como hacen los padres para llevar el control tan exacto de los meses? ¿Se hacen cortes en el brazo con una navaja cada mes que pasa o algo así?

mar_colePapagilipollas-1 se aleja persiguiendo a su hijo que aprovechando nuestra amena conversación se ha puesto a apedrear las ventanas de la sala de profesoras.
Mar, se sube en un coche de pedales que hay en el patio del cole, feo y desvencijado de narices, pero el hecho de ser diferente, parece que hace que Mar prefiera este a cualquiera de los otros 20 triciclos nuevecitos que tiene a su libre disposición.

En esto, entra en escena un pequeño energúmeno, unos dos años mayor que Mar, corriendo desde el patio de los ‘mayores’ y gritando:
– “¡EZE COCHE EZ MÍO! ¡EZE COCHE EZ MÍO!”

Sin tiempo a reaccionar, el niño se abalanza sobre Mar y de un empujón la tira del cochecito. Sólo me da tiempo a sujetar a Mar de un brazo y coger de la camiseta al pequeño ‘monstruito’.

Una sensación de rabia asesina desconocida por mí hasta entonces invade mi cabeza, hincha mis ojos, dilata mis pupilas acelera mis pulsaciones y convierte mis fosas nasales en agujeros del tamaño de la moneda de cinco duros de antes.

Padre primerizo gilipollasUn pitido en los oidos me impide escuchar los gritos del Papagilipollas-2 que aparece en escena cuando ve que levanto a su pequeño ‘Sauron’ por los aires y lo lanzo por encima de los columpios a un jardín lleno de matorrales y piedras puntiagudas. A Papagilipollas-2 no le dejo ni hablar. Con una patada voladora estilo Jackie Chan lo volteo por encima de mi hombro y le hago aterrizar en un estanque verde lleno de excrementos de pato…

Papagilipollas-2: – ¡Ja,ja,ja! Santiaguito, dejale el cochecito a la nena…

Despierto de mi sueño. Hace rato que he soltado a ‘Santiaguito’ del cuello de la camiseta y ya pedalea feliz, con cara de cabrón con su cochecito de las narices por el patio de ‘los pequeños’.

Papagilipollas-2: – ¡Claro, es que el cochecito era suyo, lo trajimos al cole porque en casa ya no lo usaba…!
Padreprimerizo: – Ja, ..j..a

Ante mi cara desencajada, Papagilipollas-2 se da media vuelta y se aleja tras su engendro, con más cara de gilipollas que antes rebuznando:
-¡Santiaguito, no corras que te caerás!

Sin salir de mi asombro e intentando controlar mi rabia caigo en la cuenta de que una pequeña manita aprieta mi mano derecha; Mar me mira con cara de confusión; con cara de no entender nada. De repente, tengo la sensación de que puedo leer sus pensamientos, que me golpean la cabeza una y otra vez como un martillo: Papi… ¿no vas a hacer nada?

mar_pelota

No puedo soportarlo. La abrazo con fuerza y me la llevo a un rincón del patio donde ningún gilipollas pueda hacernos daño.

– ¡Ven mi amor, vamos a subirnos en esta bici tan chula!

Pero para Mar no es lo mismo. Mar quería subir en el cochecito. A Mar le habría gustado ver como su Papá machacaba a Papagilipollas-2 y al pequeño troglodita. Pero no fue así. Mar descubrió que el mundo es injusto e hipócrita. Papáprimerizo descubrió que todos los papás de los otros niños son gilipollas, y que el patio del colegio, sigue siendo la misma jungla que siempre había recordado.

Mamagilipollas intenta acercarse a excusar y explicar la agresiva conducta de su churumbel y la inutilidad mental de su padre. Pero mi indignación es absolutamente inconsolable:
Padreprimerizo: – No, tranquila es normal, son niños…

Desde entonces, cualquier afán por entablar amistad con otros papás o mamás me ha sido imposible, ya que siempre nos ponemos de parte de nuestros hijos y una irrefrenable estupidez hace que seamos incapaces de ser imparciales, convirtiéndonos de inmediato en lobos hambrientos por devorar a otros Papásgilipollas. Cualquier comportamiento de ellos es reprochable y digno de ser censurado por nuestra parte.

Con todo lo sucedido, he descubierto un pequeño trauma encerrado en el interior de mi cabeza que está saliendo a la luz. Por lo visto, cada vez que algún niño abusaba de mi siendo niño, yo deseaba con todas mis fuerzas, que alguien viniera a imponer justicia. En aquel entonces pensaba en los adultos de mi familia, mi padre, mi hermano… ¿Porqué los abusones se tenían que salir siempre con la suya? ¿No podrían ganar de vez en cuando los buenos?

Ayer, al salir del cole llevé a Mar a un parque, lejos del patio de “los pequeños”, donde nadie nos conoce. Al llegar a los columpios Mar y otro nene forcejearon por el poder del balancín. El niño era más fuerte que mi hija, y ya había conseguido apartarla del columpio de un empujón.

Yo reaccioné con total tranquilidad. Comprobé que el papá del nene estaba de espaldas, me acuclillé frente al columpio, aparté al nene con una mano y le dije susurrando al oído:
– ¡Ahora le toca a mi hija chavalín! ¡Vete a babear a otro lado!

Y para mis adentros pensé:
– Y como se te ocurra ir a chivarte al gilipollas de tu padre os meto a los dos de cabeza en el charco de una patada voladora.

mar_columpioSenté a Mar en el asiento, y tranquilamente, empecé a columpiarla. El nene, pareciendo haber entendido, se fue a otro columpio sin rechistar.

Mar cerró los ojos, inclinó ligeramente la cabeza hacia tras y esbozó una pequeña sonrisa. Una sonrisa de orgullo y satisfacción.

Memorias de un padre primerizo

Extracto del libro: “Memorias de un padre primerizo”. Editorial Círculo Rojo. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados. - 52 páginas y 12 ilustraciones.

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