Decir que “es el fin” suena demasiado tremendista, de hecho tener un bebé no debería suponer en ningún caso el fin del mundo. Es cierto que las cosas se complican un poco más, pero sin lugar a dudas podréis seguir llevando a cabo las actividades de ocio que realizabais tú y tu pareja. ¡Eso sí! No las podréis hacer juntos pero las podréis seguir haciendo esquivando algún que otro contratiempo, un día uno y otro día otro. ¡Es cuestión de organización!
En el caso de que queráis salir los dos necesitaréis del uso de un cuidador o cuidadora de confianza.

 

Planes con niños nº1: Ir al cine

Habría que tener en cuenta cuantas veces ibas antes al cine, pues si eras de los asiduos que se podía permitir asistir una vez por semana lo tienes crudo. Sin embargo, si ibas de vez en cuando, y quieres mantener tu rutina, existen algunas opciones para que puedas seguir yendo al cine, pues puedes dejar, tranquilamente al bebé con tu pareja y marcharte con tus amigotes a ver algún estreno. Las salas de cine cumplen unos requisitos muy peligrosos para un padre primerizo: oscuridad y sillones confortables ¡no necesitas más! Te advierto que existen unas probabilidades muy altas de que te quedes dormido en cuanto apaguen las luces y lo sabes.

Por ello una opción interesante consiste en salir de casa con ropa cómoda, elegir una película que no sea de tu interés y pagar el coste de la entrada sabiendo de antemano que te vas a quedar dormido antes de los créditos. ¡Una siesta es una siesta!

Otra opción que tienes que llevar a cabo sí o sí es la de llevar a tu hijo al cine siendo bien pequeño. Todos los padres primerizos lo hemos hecho y tú no tienes porqué ser menos.

Yo fui al cine con mi hija antes de cumplir los tres años junto a otros niños y niñas de su cole. La idea se le ocurrió al padre de uno de sus amiguitos al que le apetecía muchísimo llevar a su hijo al cine. A pesar de que mi hija era incapaz de estarse más de dos minutos delante de la tele, no me pareció del todo una mala idea ¡además llevaba años sin ir al cine! Así que sin pensárnoslo dos veces decidimos reunirnos un viernes por la tarde frente a la taquilla de los cines de nuestro centro comercial de confianza. Allí elegimos la única película para niños que proyectaban en las salas: “La Aventura de Desperaux”. Les dijimos a las mamás que los padres nos encargábamos del asunto y ellas se marcharon sin decirnos a donde encantadas de la vida. ¡No teníamos ni idea de donde nos metíamos! Cinco padres y siete niños.

Pasamos primero por la tienda de chucherías del cine, donde nos gastamos una fortuna en bebidas y palomitas. Antes de entrar en la sala le dieron a cada niño un elevador de plástico rojo para el asiento. Ellos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, los sujetaron con las dos manos sobre sus cabezas y entraron en la sala en fila india. La verdad es que aquello fue divertido, pues recordaban totalmente a los siete enanitos. La primera discusión que surgió fue la de dónde se iba a sentar cada uno.

_ Yo quiero al lado de Carlos – Dijo Pablo.
_ Yo también – dijo Adriana.
_ Yo quiero estar al lado de mi papá – Dijo Carlos, que había venido con su madre y esta se había ido de “picos pardos” junto al resto.

Así que al fin tras unos cuantos lloros y resolver un complicado problema de combinatoria, nos encontramos por fin todos sentados intercalándonos en los asientos los padres con los niños.

El escándalo que montaban nuestros niños era brutal y las palomitas volaban por todas partes, así que me vi en la obligación de poner un poco de orden en aquel caos. Me puse de pie y con voz firme dije:

_ Vamos a ver, estamos en un cine, y aquí hay que estar en silencio. El que no sepa estar en silencio se irá con las mamás y no podrá ver la película. ¿Me habéis entendido?

Todos los niños asintieron al unísono con la cabeza y a los dos segundos volvieron a montar la misma algarabía sin ningún tipo de control. No me hicieron ni puñetero caso. Los otros padres me miraron con cara de resignación y me volví a sentar decepcionado.

¡Que empiece ya! –  pensé – A ver si al ver la película se relajan un poco las fieras…

Al apagarse las luces no fue mejor. Varios niños se pusieron a gritar y contagiados lo imitaron el resto. El niño que venía sin su madre se puso a llorar y el padre que estaba sentado junto a él tuvo que cogerlo en brazos. Tal y como empezaron a proyectar la película una de las niñas dijo en voz alta:

_ ¡Tengo caca!

De inmediato otro niño contestó:
_ ¡Yo también!

Y mi hija y dos niños más dijeron:
_ ¡Tengo pipi!

No me lo podía creer ¡si todavía no había empezado la película! Así que nos salimos yo y otro padre con todos los niños al cuarto de baño. Todos al de los chicos, por supuesto. Al volver a la sala, la película llevaba ya quince minutos en proyección y comprendí que íbamos a hacer de todo menos verla, de manera que respiré profundo y me limité a observar a nuestros pequeños. Para mi sorpresa, mi hija fue de las que más aguantó dentro de la sala, pues dos de los padres se tuvieron que salir con cuatro de los niños a los veinticinco minutos del inicio de la película.

Los tres padres que nos quedamos en la sala, terminamos a duras penas de ver la película con nuestros hijos sentados en brazos y semienterrados en palomitas. La experiencia resultó ser un rotundo éxito y una fantástica lección sobre algo que no debíamos de volver a repetir en nuestra vida.

Planes con niños nº2: Ir de cañas

No hay nada más delicioso que una cervecita a la luz del sol. ¿Por qué asociamos siempre el término de “salir” a “salir de noche”? Una de las cosas que más te sorprende como padre primerizo es ver la cantidad de gente que sale de cañas durante el día. Cuando te conviertes en padre cualquier momento es bueno para tomarse un respiro con tu pareja o con los amigos. Salir de noche se ha convertido en una arma de doble filo, pues puedes pensar por un lado: “ya que no me dejan dormir en casa mejor me voy de fiesta” ¿no? pero por otro lado, si ya te cuesta levantarte por las mañanas a darle el biberón al bebé, imagínate hacerlo con resaca. ¡No compensa en absoluto! Además deberías verte cuando sales ahora por la noche, pues tu falta de costumbre te hace parecer un caballo desbocado. Te empeñas en recuperar en una sola noche todas las horas de juerga perdidas y te bebes hasta el agua de los floreros. ¡Das auténtico miedo!

Las cañas durante el día se han convertido en una opción totalmente razonable, pues no tiene ningún sentido restarle más horas a las pocas horas de sueño que ahora te dejan.

Lo ideal será que te busques un barecito con terraza cerca de un parque de columpios o un parque de bolas, intenta que no quede cerca de una carretera o de lugares potencialmente peligrosos para los niños. No te desesperes tratando de recrear las antiguas juergas de antaño ya que sin duda tus mejores aliados son los que se encuentran en tu misma situación. Trata de no sacar temas complejos de conversación, pues se van a ver interrumpidos cada dos o tres minutos. Y sobre todo por encima de todo, recuerda que mañana a las siete y cuarto de la mañana, independientemente de la resaca que tengas, vas a seguir siendo padre.

Guía urgente del padre primerizo

Extracto del libro: “Guía urgente para el padre primerizo”.
Editorial Larousse. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados.
- 197 páginas y 32 ilustraciones.

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