Capítulo 2

CAU, RECAU y SANT VICENT!

La importante labor del padre primerizo durante el Parto

por | 17 Nov 2004 | 0 Comentarios

¿QUE DEBERÍA HACER UN PADRE DURANTE EL PARTO?

Tal y como terminé de escribir ayer, recibí una llamada de Rut para que fuera corriendo a casa: ¡Rafael, vente corriendo que esto duele mucho! ¡y no para!. (Rut sólo me llama Rafael cuando está nerviosa o enfadada).

Por lo que Rafael, asustado de narices, sale a toda leche de la oficina dejándose el ordenador y las luces encendidas, olvidando las llaves del coche encima de la mesa. Rafael llega al coche, vacía su bolsa en el capó y después de 3 min de búsqueda que parecen una hora y media recuerda que se las ha dejado junto al ordenador.

Rafael recupera sus llaves para meterse con el coche en el atasco de las 19:35 donde habla por teléfono con Rut intentando transmitirle tranquilidad pero fracasa totalmente en su intento, pues Rut detecta su inseguridad y se pone aun más nerviosa… Llamamos a la tía Lola (Tía de Rut que trabaja en la planta de maternidad en el Hosp. General de Castellón) y le comentamos la situación. Nos dice que cenemos tranquilos, que en cuanto acabemos vayamos con calma para allá. Por lo que yo, obediente, me dispongo a preparar algo para cenar. Rut llora de dolor.

A los cinco minutos nos vuelve a llamar la tía Lola: -¿Me habéis dicho que las contracciones le duran más de un minuto y medio?
“Rafael” muy tranquilo le responde: -Sí, además con mucho dolor, de hecho Rut está llorando.
La tía Lola con voz nerviosa: -¡Pues entonces venid ya para acá no sea que no os de tiempo a llegar!…

Rafael haciendo ademán de su saber estar y tranquilidad cuelga el móvil, coge el abrigo de Rut y dice: – ¡Rut, como nazca la niña en el coche me muero! ¡Vámonos!

A las 21:00 del lunes 15 ingresábamos en la habitación 356 reservada con antelación por la tía Lola con pronóstico de parto inminente. Doctores, Ginecólogos, matronas, la tía Lola, La tía Lidón (Que también trabaja en el este hospital), me ponen un pijama verde, monitorizan a Rut (con unas contracciones de caballo) y el señor doctor, tras realizar un preciso tacto vaginal a la nerviosa madre, setencia en voz alta y solemne: “En este momento comienza definitivamente el parto”. ¡Os juro que lo dijo así! Yo creí escuchar: “Señor pirotecnic, pot escomençar la mascletà”.

A partir de ahí tactos vaginales cada cierto tiempo (para mi pasaban horas), dilatación a 3cm, Rut cada vez más dolorida, dilatación a 5cm, la afición pide a gritos una epidural, las tías Lola y Lidón sobornan al anestesista con unas botellas de Ron y algunos puros cubanos (pues tiene prohibido poner la epidural durante la guardia nocturna). El anestesista accede, Rut y la afición hacen la ola y la mueca desencajada por el dolor de Rut se convierte en la cara de una niña inocente que se ha fumado alguna hierba psicotrópica.

 

De repente gritos desgarradores en la habitación de al lado: -¡NO LO SOPORTOOOO! ¡QUE NO ME SAQUEN AL NIÑOOOO!
La matrona nos comenta con tono de resignación: – Esa pobre dijo que no quería que le pusieran la epidural y no firmó la solicitud.

Rut y yo nos miramos, escuchamos otros cuantos gritos y miramos hacia el cielo dando gracias al inventor de la Epidural. (Nota mental: Si alguna vez te piden firmar para recibir anestesia ¡FIRMA SIN DUDAR!).

Dilatamos 7 cm, la matrona nos enseña un mechón de pelo y nos dice que ya está aquí. Un hormigueo me recorre todo el cuerpo y tengo la sensación de estar a punto de perder el conocimiento, pero no, nos trasladan a la sala de partos a la vez que la chica “anti-epidural” (cuya cabeza ya ha girado 180º recordándome a la niña del exorcista).

Subimos a Rut en el potro, ella no deja de empujar, médicos y comadronas salen de la sala sin decirnos nada y nos quedamos sólos en el quirófano, los pelillos de Mar siguen asomándose, Rut y yo nos miramos asustados, se me pasa por la cabeza la idea de tener que sacar yo solo a la niña y me entran ganas de vomitar, vuelve todo el mundo, habían ido a ponerse las batas y las mascarillas, respiro, me ponen mascarilla, peucos y gorro. La tía Lola se queda a mi lado, Lidón se pone frente a Rut con su cámara de fotos para no perder ni un segundo de reportaje.

Rut aprieta, el médico empuja, la matrona corta y sin darnos tiempo a reaccionar sacan a Mar llena de sangre y otros fluidos que desconozco, toda moradita y frágil como una marioneta de papel.

En un segundo se pone a llorar, Rut llora, yo lloro, lloramos todos, Mar nos mira sin saber porqué lloramos, la matrona cose y Rut tiembla… agradecimientos, fotos, besos y abrazos.

A las 2:45 AM del 16 de Noviembre de 2004 nos encontramos con MAR ya limpita, en pijama y con un gorrito de rapera en la cabeza. En ese momento me doy cuenta de que existe el amor a primera vista.

 

Recuerdo la conversación que tuve con mi primo Hannes el viernes pasado por teléfono. Nos hacen creer a los padres que nuestro papel en el parto es fundamental, que todo el mundo va a estar pendiente en todo momento de nuestra actuación, que cuando termine todo un jurado levantará nuestra puntuación obtenida con unas pequeñas pizarras verdes… Pero no, al terminar todo, por lo menos en mi caso, te sientes como el típico invitado a una boda que con la corbata atada a la cabeza se queda sentado en un rincón medio borracho pensando que es el centro de atención. Realmente, el mérito de todo, (a parte del del equipo médico y las tías) es de Rut, que empujó como una mula, soportó el dolor, mantuvo la compostura y en ningún momento dejó de hacerlo de maravilla. Realmente me sentí orgulloso, inmensamente féliz y pequeño, muy pequeño a su lado.

Ahora que todo ha salido bien y que ya estamos los 3 juntos, he de contaros que ni Rut ni yo asistimos a ningún tipo de clase para la preparación del parto… Sí, así somos. La tía Lola nos dijo que no era necesario, que no nos preocupáramos. Por ello, si algún otro futuro padre se encuentra en la misma situación, me veo en la obligación de hacer una pequeña recomendación que seguro le salvará de caer desmayado o algo peor el día del parto:

Busca, en cualquier libro que hable sobre el parto, la foto de la placenta cuando es expulsada por la madre. Si no hubiera sido por que yo la vi de casualidad ojeando un libro que se estaba leyendo Rut creo, sinceramente, que me habría derrumbado al ver esa “masa viscosa” saliendo del cuerpo de la mujer con la que duermo todas las noches.

A continuación os voy a dejar una pequeña muestra de palabras malsonantes (pero necesarias) que todo padre primerizo que se precie debe conocer y que yo he aprendido estos días: “Calostro, Meconio y sacamocos“. El que quiera saber su significado que lo busque en un diccionario o venga a vernos a la habitación 356 del hospital general de Castellón donde estaremos (si todo va bien) hasta mañana.

A partir de ahora espero que todos entendáis que mi único tema de conversación se va a centrar única y exclusivamente en una personita de 48 cm y 2,5 kg. Por lo que os ruego que me aviséis cuando me ponga muy pesado, ¿vale?.

Extracto del libro: “Memorias de un padre primerizo”. Editorial Círculo Rojo. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados. - 52 páginas y 12 ilustraciones.