Está claro que en el momento que te conviertes en padre, todo “lo tuyo”, pasa a ser “de ellos” y que compartir es vivir pero… ¡a mi también me gusta quedarme con un regalo chulo!

Esta semana, he tenido la suerte de conocer una buena marca de gafas de sol para niños, SIROKO se llama, y como buen padre, he escogido las que mas chulas me parecían para ellos y de paso… ¿por qué no? unas para mi. Como soy muy fan de la película Kill Bill,  se las he cogido en color amarillo… ¡Chulísimas, vaya! y las mías… ¡Ni te cuento! ¡Tenía muchísimas ganas de enseñárselas cuando regresaran del cole!

MIS GAFAS DE SOL… BUENO, LAS TUYAS!
MIS GAFAS DE SOL… BUENO, LAS TUYAS!

Y esto es lo que ocurrió con “nuestras” gafas de sol nuevas…

El de 9 años: – Wuala papi, que chulas! ¡Cómo mola la caja!

La de 12 años – Papi me encaaaaantan… son las que yo quería! ¡¡ Con espejo!! ¡Y se ve genial con ellas!

El de 40 (yo): – ¿Perdona?… ¿Con espejo?… Las tuyas no llevan los cristales polarizados… ¡esas son mías!

La de 40: – Uy, pues a mi me encantan las amarillas! ¡Esas me las quedo yo!

OYE… LAS HE ELEGIDO YO… ¿¿¿¿PERO QUE HA PASADO AQUÍ????… SON MÍAS!!!

Como os podréis imaginar, ya sabéis como acabó la cosa… no hay manera de acertar en cuestiones de gustos con mi hija. Finalmente y, después de negociar, hemos llegado a un acuerdo de “custodia compartida”.

Y si es cierto lo que pone en la funda de las gafas: What you are is what you do (Eres lo que haces), no debo de ser tan mal padre, si al final, comparto todo lo que tengo con ellos (aunque a veces me pese).