Si me paro a reflexionar podría decir que soy un gran amante de los animales. Más que muchos otros que dicen serlo. Me explico:
Me gustan los animales, los respeto y odio con toda el alma que se les haga daño o maltrate. Además me encanta verlos retozar libres en sus hábitats naturales haciendo sus cosas de animales. Pero lo que no siento (por ahora) es la necesidad de tener a ninguno de ellos viviendo en mi casa. Cada uno es como es, y yo soy de los que piensa que tener un animal en casa es una responsabilidad, es como tener a un miembro más de la familia al que cuidar, alimentar y educar. Y la verdad, en este momento de mi vida, no necesito más responsabilidades.

Por el contrario, mi hija y mi mujer son una mezcla entre Lara Croft y Felix Rodríguez de la Fuente; son de esas que se cruzan con una mantis religiosa y la adoptan sin pensarlo. ¡Pero bueno! ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Será eso que llaman el Karma?

Aprovechando las vacaciones veraniegas he decidido hacer un listado con algunos de los “animales” que han pasado por nuestra casa y mi experiencia con ellos:

1. Pelman

Pelman fue el primer animal que tuvimos en casa, lo adoptamos cuando Mar tenía 2 añitos y sigue viviendo con nosotros. Como anécdota contaré que siempre que intento acariciarlo me muerde y araña, que me quita el sitio en la cama, que ronronea a las 7.00 de la mañana como un cerdito para que nos levantemos y que se lanzó, detrás de un pajarito, desde un cuarto piso rompiéndose las dos patas delanteras. La operación de las patas nos costó casi 800 €… ¡Toma ya!
Como cosa positiva debo decir que es muy estético y allá donde se duerme queda bien. ¡jajaja! ¡Me encanta dibujarlo!

2. Conchita Pelusa

¡Papá! Mira que conejito! ¡Es tan suave! ¿podemos quedárnoslo?
¡Por supuesto que no, hija mía!

Esa misma tarde “Conchita Pelusa” se mudó a vivir un par de meses a nuestro hogar, donde se dedico a comerse todas las plantas, morder los cables de toda la casa, cagarse por encima de los sofás y mordisquear todos los muebles de la terraza. Con todas estas pruebas en la mano el juez de guardia me dio la razón y devolvimos a Conchita a la granja de la que nunca debería haber salido.

3. Roki la lagartija

A Roki la lagartija ya le dediqué un artículo completo que os enlazo a continuación. ¿Es posible amaestrar una lagartija? Como detalle os diré que tuvimos que mantener a grillos vivos en la terraza para poder alimentar a semejante bestia. 😉

5. Bichos Palo

Los fásmidos, o bichos palo, que es como los llamamos nosotros, llegaron a casa como regalo de Maty, la entrenadora de gimnasia rítmica de mi hija. ¡Yujuu!
Los animalitos vivieron en un terrario durante un mes aproximadamente alimentándose de hojas de rosal. Fueron enterrados en las macetas de la terraza tras morir misteriosamente por causas naturales.

6. Pececillos

Este tipo de animales es mucho más común, y probablemente la mayoría de los que estéis leyendo este artículo hayáis tenido durante una temporada un acuario en vuestras casas. Los primeros días hacen una ilusión increíble, pero luego, cuando te das cuenta que eres el único que les cambia el agua, les das de comer e incluso el único que les echa un ojo de vez en cuando, reconoces que no ha sido una buena idea lo del acuario. Los últimos pobres peces que nos acompañaron, tuvieron que compartir estancia con los dragones de juguete de mi hijo. Creo que murieron por estrés.

7. Martín, el gato cabra.

Martín es la última adquisición de la familia, un encantador gatito que adoptamos las pasadas navidades porque Lara Croft y Félix Rodríguez de la Fuente se enamoraron de él a primera vista.
La particularidad de Martín, es que le gusta el plástico con el que están hechas las chanclas. Sí, yo pensaba que los gatos no comían este tipo de cosas, y de hecho, buscando en páginas como el Portal del Criador que dan consejos sobre la alimentación de los gatos, no encontré nada referente a que no puedan comer este tipo de materiales. Tenemos la certeza de que se come el plástico porque luego lo caga. ¡Ufff!
Otra de las genialidades de Martín es que dice “mamá” como si de un bebé se tratatara. Sin duda, la próxima vez que se plantee la cuestión de añadir otro gato a la familia, haré caso a la opinión de algunos amigos y estudiaré la posibilidad de comprar un gato a criadores profesionales. Quizás así me salga un poco más tranquilo y sin la predilección por el sabor de las chanclas.
Junto a las fotos de Martín os dejo una de como dejó la última chancla que se comió.

A parte de todos estos que comento hemos tenido también el placer de tener pajaritos heridos, murciélagos desorientados, gusanos de seda, mantis religiosas, saltamontes lesionados, caracoles babosos y una colonia de hormigas …
¿No dijiste que no querías animales? ¡Pues toma dos tazas! 

#ETDLS18 #ElTemaDeLaSemana 
Cosas que nunca me imaginé que haría…