Después de mi gran bajón traté de seguir a rajatabla las instrucciones de mi médico. Convertirse en un pasota de la noche a la mañana no es un trabajo sencillo, sobre todo si eres de ese tipo de personas que como yo, somos responsables hasta la médula. Por ello empecé a desarrollar mis habilidades en el arte del escaqueo por prescripción médica.

 

El arte del escaqueo en el trabajo

Debido a que pasaba más horas en el trabajo de las que realmente me correspondían por contrato, lo primero que hice fue empezar a cumplir mi jornada laboral con disciplina militar. Decidí empezar la jornada a la hora de entrada exacta y tenerlo todo listo para salir pitando nada más el reloj marcara las seis de la tarde. No iba a cederle ni un minuto más de mi tiempo a la empresa, de manera que traté de aplicar algunos métodos para mejorar mi productividad y evitar en la mayoría de los casos todos los tiempos muertos que tenía durante el día.

A continuación te dejo algunos consejos para que puedas salir del trabajo a la hora:

  • Hazte la víctima. Todo el mundo en el trabajo debe ser consciente de tu situación como padre responsable. Por ello, debes aprovechar cualquier ocasión para poner como excusa que el motivo de que no puedas quedarte más horas a trabajar es que tienes que cuidar de tu bebé.
  • Aprende a decir que no. Al principio cuesta, pero cuando dices que “no puedes” o “que no tienes tiempo para hacer algo”, la gente no solo valorará más tu trabajo sino que además se lo pensarán dos veces antes de volver a pedirte algo.
  • Aprende a delegar. Nadie es indispensable en esta vida. Seguro que hay tareas que pueden hacer perfectamente otras personas, y quizás te sorprenda lo bien que las pueden llegar a hacer.
  • Organízate con eficacia. Empieza por las tareas  más rápidas de resolver: llamadas, correos electrónicos, etc. y nunca te dejes tareas importantes ni reuniones para el final de la jornada.
  • No pierdas el tiempo. Calcula el tiempo que pasas navegando en las redes sociales, leyendo la prensa o mirando las musarañas. Dedícales un tiempo concreto justo al final de la jornada. Así si te quedas a hacer horas extras será porque tú quieres.

La regla de los cinco segundos

Mi mujer se pasaba todo el día con el bebé, y la verdad es que me parecía un poco injusto aplicar mis estrategias de pasota con ella. Lo que hice fue aplicarlas sin que ella se diera cuenta de que lo estaba haciendo.

Lo primero que hice fue rebajar el nivel de obsesión por la higiene del bebé. No me mal interpreteis, que en ningún momento dejé que mi hija fuera hecha un despojo. Lo que hice fue no tomarme tan en serio el tema de la desinfección absoluta en su entorno y empecé a utilizar la regla no escrita de “los cinco segundos”.

Esta regla dice que algo que no ha tocado el suelo durante más de cinco segundos puede volver directamente a la boca del bebé sin tener que pasar por ningún proceso de desinfección. Con esta sencilla regla, que no tiene ningún fundamento científico, comencé a relajar mi estrés cuando estaba con mi hija. Antes me pasaba el tiempo esterilizando chupetes, biberones y otros juguetes. Desde entonces, un poquito de agua y a correr.

Aprovéchate de tu suegra

Al principio, tener a mi suegra en casa me suponía un suplicio. ¿Por qué se tenía que meter continuamente en nuestras vidas? Me negaba a cederle mis momentos íntimos entre padre e hija: la hora del baño, el cambio de pañales, su hora de la cena. Hubo ocasiones en las que mi suegra se metía conmigo en el baño para ver como bañaba a la niña. ¡No lo podía aguantar!

El nacimiento de la primera hija de mi hermano me iluminó respecto a este tema. Yo me moría de ganas de ser tío, y estaba realmente emocionado con el nacimiento de mi sobrina, así que cuando fuimos a visitarles al hospital pedí que me la dejaran tener durante un buen rato en brazos, me encantó la sensación de abrazar a la hija de mi hermano, pero sin duda, lo que más me gustó fue la devolvérsela una vez se hizo caca. ¡Qué sensación! Aquello me hizo entender que a mi suegra y a mi madre no les importaba en absoluto encargarse de aquellas cuestiones. ¿Por qué no aprovecharlas? Yo necesitaba descansar y disfrutar al máximo del tiempo que pasaba con mi hija. Así que desde entonces, cada vez que venían mi madre o mi suegra les endosaba cariñosamente a la niña y me encerraba a dormir una siesta en la habitación.

 

¿Lo estás haciendo mal adrede?

Está claro que si te pones eres capaz de conseguir cualquier cosa, y seguro que igual o incluso mejor que tu pareja. Yo descubrí que ella me utilizaba con todos los temas que suponían sufrimiento para el bebé: Las inyecciones, las limpiezas nasales, las heridas… Siempre que tocaba llevar a cabo una de estas tareas su frase era:

_ Cari, hazlo tú que lo haces mejor.

Y claro, yo hinchado de orgullo era incapaz de negarme. Pasa lo mismo a la hora de montar un mueble o bajar a tirar la basura. Es como si tú fueras el único de la casa que sabe hacerlo.
Por todo esto decidí introducir una nueva variante en mi estrategia que consistía en parecer un poco más tonto de lo que ya era frente a ciertas tareas. Por ejemplo: Está claro que a base de esfuerzo y organización sería capaz de vestir y peinar correctamente a la niña, pero este trabajo a mi me suponía un esfuerzo mental tres veces superior al que debía realizar ella, empezando por combinar los colores y terminando por elegir los complementos. Si para ella resultaba tan sencillo, ¿por qué no dejar que definitivamente se encargara ella de esta tarea?

Para conseguir mi objetivo estratégico bastó con vestir en dos ocasiones a la niña como si de una niña de la posguerra se tratara y sacarla a pasear. ¡Misión cumplida, soldado!

La niña como excusa

Puestos a convertirme en un pasota decidí ir un paso más allá, y empecé a utilizar a la niña como excusa para dejar de asistir a compromisos a los que no me apetecía nada acudir:

_ ¿Os venís mañana a comer a casa de la tía Enriqueta? Quiere invitarnos a toda la familia y enseñarnos las fotos de su viaje a Cádiz con el INSERSO…

_ ¡Uf! La verdad es que me encantaría, pero tenemos a la niña un poco pachucha y es mejor que no la saquemos de casa con el frío que está haciendo.

Este sistema me funcionó a las mil maravillas durante una temporada. Pero dejé de utilizarlo cuando no sé si fue por casualidad o por castigo divino, que tal y como puse la excusa para no asistir a una comida de antiguos compañeros de trabajo la niña se nos puso esa misma noche con cuarenta de fiebre… ¡Menudo yuyu!

 

No eres el centro del Universo, de hecho si de repente desaparecieras la tierra seguiría girando y el resto de la humanidad continuaría su camino adelante sin ti. No eres tan imprescindible como muchas veces te piensas y tus defectos y debilidades aunque no te lo creas, forman parte de tu encanto personal. Así que baja el ritmo de la locomotora y empieza a delegar en los demás, pues escaquearse es todo un arte, y en estos momentos de tu vida, puede llegar a suponer tu mejor salvavidas.

Guía urgente del padre primerizo

Extracto del libro: “Guía urgente para el padre primerizo”.
Editorial Larousse. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados.
- 197 páginas y 32 ilustraciones.

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