Capítulo 7

Duérmete niño

por | 1 Ago 2005 | 4 Comentarios

Parece mentira que sólo hayan pasado ocho meses y medio desde que Mar se cansó de nadar en las aguas maternas y decidió quedarse con nosotros.

Desde el último post he sufrido una pequeña crisis de inspiración, los focos de la fama me cegaron, el sentirme leído por tanta gente (12 personas aproximadamente) me hizo sentirme en la obligación de escribir algo gracioso y ocurrente con el único fin de satisfacer a mis fans y no herir los sentimientos de ninguno de mis fieles suscriptores (suscriptores por obligación pero suscriptores), desviándome totalmente de mi intención inicial que era la de utilizar la escritura como válvula de descarga y herramienta que permitiera desembotar mi cabeza de pensamientos, perversiones y otras cucamonas. Hoy es un buen día para retomar mi afición por la escritura. No hay mejor que una buena discusión con tu mujer para recuperar la inspiración.

Las cosas en la vida de la pequeña Mar han cambiado mucho en los últimos meses:

Mar aprendió en cosa de semanas a tomar del biberón y no querer ver la teta de mamá ni en pintura, a los seis meses consiguió mantenerse sentada, aprendió a balbucear algunos monosílabos, a gritar, a distraerse solita, a sacar juguetes de su cesta y tirarlos por el suelo. Estos días está empezando a gatear y con la llegada del verano, a chapotear en la piscina y a cerrar la boca cuando la sumerges, pero sin duda alguna, lo que más está aprendiendo la niña,  es a cogerle el ‘puntito’ a la gente. Está aprendiendo a saber cuando llorar y cuando reir, ya sabe hasta donde aguanta cada uno y hasta donde puede acercar la mano sin quemarse… ¡pues no son listos los niños ni nada! ¡Yo pensaba que eso se aprendía un poquito más adelante!

Viéndola crecer me viene a la mente esa imagen de una mano abierta llena de arena escurriéndose entre los dedos y todas las frases referentes a lo rápido que pasa el tiempo comienzan a bombardear mi cabeza:
Que si “El tiempo es oro”; Que si “Aprovecha el momento”; Que si “Disfrútala ahora que dentro de nada estará pidiéndote dinero para irse de acampada con un ‘mascachapas’ con el pelo cortado a lo cenicero”…. Hasta que pienso “Time is money, el tiempo es un maní”, frase que escuché en una actuación de ‘Les luthiers’ y sólo pensar en ella,me hace quitarle importancia al asunto. Parece que mi cabeza funciona así, basta un pensamiento que me haga reír para tirar atrás toneladas de pensamientos moralistas y agoreros.

Últimamente me cuesta recordar los motivos por los que discutíamos Rut y yo cuando no teníamos a la niña… ¿Qué motivo de discusión había?… ¿Celos? ¿Envidias? ¿Las tareas del hogar? Hoy en día nuestro principal motivo de discusión surge por los horarios y la educación de la niña.

Para los que no estéis en la onda os podéis hacer la idea de que el Doctor Estivill, propone educar a nuestros hijos haciéndoles seguir unos rigurosos horarios de forma que, según cuenta, resultan beneficiosos para el infante y favorecen su correcto crecimiento tanto intelectual como físico, y claro, como seres inconformistas que somos tenemos nuestra diversidad de criterios sobre temas que el afamado doctor deja un poco a la libre interpretación del usuario. Tras muchas discusiones y probar varios sistemas para hacer dormir a nuestra ‘pequeña Tsunami’ nos decantamos por el Método Estivill (Recomendado por Jorge y Laura).

De forma que nuestras discusiones pasan a ser del tipo: “¡Pues como dice Estivill en la página 57 de su libro tal y cual!” a lo que el otro contesta “¡Es que si lo analizas desde su vertiente freudiana pues patatín y patatán!” Y entre patatín y patatán, tal y cual, acabamos con una discusión de dos pares de narices en las que siempre acaban perjudicados unos terceros:

“¡La culpa es de tu padre que la malcría!”, “¡Que no ha dormido la siesta¡ Tanto esfuerzo para que luego vengan los abuelos y nos lo tiren todo por tierra…!”.

A lo que yo me pregunto: ¿Cuánto tiempo ha estudiado sus teorías el afamado y prestigioso Dr. Estivill? ¿Ha llegado a comprobar lo que sucede cuando el susodicho infante llega a adulto? ¿No estaremos creando una raza de super-hombres? ¿Qué será del arquetipo de hombre Español? ¿Hacía donde lleva el futuro de la humanidad señor Estivill? ¿No será su intención alcanzar una nueva raza aria de jóvenes perfeccionistas y metódicos que nos utilicen a sus progenitores como esclavos en el futuro?

Aun recuerdo todavía el día en el que le regalé a Rut, en plan sorpresa, el librito de marras. Su primera reacción fue la de agradecerme el presente con insultos del tipo: “¡Nazi más que nazi!” o “¡Mussolini a tu lado era Teresa de Calcuta!”.

Así es, Rut, como muchísimas otras madres del mundo, se negó en rotundo a querer escuchar ni una sola palabra de lo que aquel libro maldito decía. Yo encajé el golpe pero no me rendí. Pues ya me había leído el primer capítulo del libro antes de comprarlo en la Fnac, de modo que me senté junto a ella en el sofá, apagué la tele y empecé a leerlo en voz alta sin dejar que ella me interrumpiera. Si decía algo yo subía el tono de voz. Sólo quería que escuchara lo que aquel libro decía, pues el primer capítulo describía totalmente nuestra situación y lo que nos estaba sucediendo como pareja.

La falta de sueño, la imposibilidad de tener unos horarios consistentes y pasarnos el día discutiendo por lo que era mejor o peor para la niña, no sólo estaba acabando con nuestra salud sino que también estaba perjudicando a nuestra relación de pareja.
Desde mi punto de vista, aquel hombre, con su libro, sólo pretendía lanzar un haz de luz y de esperanza sobre los padres que tenían, como nosotros, verdaderos problemas para conseguir que sus hijos conciliaran el sueño.

Las primeras frases que nos describían hacían que Rut lanzara un soplido como si aquello fuera la cosa más obvia del mundo, pero conforme fue avanzando la lectura, su gesto torcido se fue transformando en interés, para luego convertirse en una carcajada cada vez que nos veíamos reflejados en alguna de las situaciones que contaba el doctor.

De esta manera, decidimos poner en práctica este sistema, que, de manera muy resumida, consiste en enseñarle al bebé a distinguir el día de la noche y hacerle entender que durante la noche se duerme y durante el día hay actividad.

Lo malo, y por lo que todo el mundo critica este método, es que hay que dejar llorar al bebé sin cogerlo en brazos, en ningún momento, en ciclos que van aumentando progresivamente en el tiempo. Es decir, primero le dejas llorar tres minutos hasta que vas a consolarle, luego dejas cinco, luego siete y luego nueve. Todo esto explicado con tablas, normas e indicaciones precisas de como reaccionará el bebé.

Los dos primeros días fueron durísimos para nosotros pues la niña lloró sin consuelo durante casi una hora, pero cual fue nuestra sorpresa, cuando llegado el tercer día, el sistema empezó a funcionar y la niña empezó a dormir toda la noche de un tirón e irse a dormir sin rechistar. No nos lo podíamos creer, ¡la niña dormía!
Desde entonces, gracias a esto, Rut y yo hemos recuperado la costumbre de cenar juntos charlando que habíamos perdido desde que nació la niña, el buen humor parece que ha vuelto a nuestra relación y la falta de sueño, poco a poco, parece que está dejando de ser un problema. Cuesta imaginarse lo que el cansancio y el agotamiento físico pueden afectar a la forma en la que ves las cosas. Cuando descansamos todos parece que la vida vuelve a sonreír.

Por lo tanto, Dr. Estivil, si alguna vez viene por Castellón, que sepa que tiene una cena pagada por nosotros donde más le guste. ¡GRACIAS!


“Hoy sé que no hay nada imposible, anoche supe la verdad. Creí a mi alma inservible, pero era cansancio vulgar nada más.”

Silvio Rodríguez

Extracto del libro: “Memorias de un padre primerizo”. Editorial Círculo Rojo. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados. - 52 páginas y 12 ilustraciones.

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