Capítulo 10

Como dejar de ser padre primerizo

por | 22 Ene 2007 | 2 Comentarios

Normalmente no suelo hacer planes a largo plazo.

Rut y yo siempre vamos a salto de mata, nunca sabemos que haremos mañana. Raras veces tenemos una cita programada con antelación y cuando ha sido así no ha sido con más de un mes de anterioridad.

Este lunes fue distinto, tenía una cita pendiente con mi primo Hannes. La última vez que nos vimos nos prometimos ir juntos a ver un partido de Rugby de los All-Blacks. Hicimos una especie de juramento, debíamos de ir fuera donde fuera, no nos importaba la distancia, debíamos de hacerlo y en el menor plazo de tiempo posible.

Un compañero hizo una propuesta en el foro de Internet del equipo:

rugby2007MUNDIALES DE RUGBY 2007.
Italia vs Nueva Zelanda (los All-Blacks)
9 de Septiembre de 2007 en Marsella.

¡Esta es la nuestra! pensé. Pues yo había sido incapaz de buscarlo por mi cuenta, y según me dijo Hannes él tampoco.

Así que nada, pensado y hecho, me conecté a la web de sacatusentradas.com y antes de que pudiera pensármelo dos veces ya tenía las entradas. ¡Cuatro! para ser exactos. Compré dos de más, pues con nueve meses de antelación seguro que mucha gente se apuntaba. Mandé un e-mail con la propuesta a toda la familia y amigos. Mi hermano Tonyetti fue uno de los primeros en interersarse:

– ¡Oye! ¡Que me apunto! Lo único es que no sé que será de mi vida en Septiembre – me dijo.
– Xe! ¡No te preocupes! Es un viajecillo de fin de semana. No puede haber nada que lo haga peligrar – Le contesté.

Le he dado muchas veces la vuelta a este tema. ¿Cuándo dejaré de ser padre primerizo? Siempre se es primerizo de algo en la vida; y mucho más siendo padre. Siendo padre eres primerizo un mínimo de tres veces al día, y si le pones cariño al asunto puedes llegar a veinte.

Debería de haber unos límites que definieran este amplio concepto ¿no? Algo como decidir que a los 18 años eres mayor de edad y a los 17 no. Algo puramente administrativo. Con certificado médico y todo.

El viernes, al salir de trabajar recibí una llamada de mi mujer:

– ¿Puedes comprar un test de embarazo?
¿Un test de embarazo? ¡Claro! No me preocupé, pues no es el primero que utilizamos desde que nació Mar. Rut me tranquilizó diciendo:
– ¡No, aún no tengo retraso! Es sólo que tengo una corazonada y haciéndome el test me quedaré más tranquila.

Me tocó detrás de otro chico en la cola de la farmacia. Tendría unos 29 años, alto y con grandes ojeras. Su pedido me hizo verme a mi mismo dos años atrás:

– Una esponja natural para recién nacidos, las tetinas ergonómicas “Espengler” para lactantes noveles y una caja de esterilizadores biológicos para tetinas “Espengler” de doble uso.

¡Pse! Cuando llegó mi turno forcé una mirada de compasión hacia el muchacho y con cara de padre experimentado le dije a la manceba:

– ¡Una caja de Juanolas y un test de embarazo!
– ¿Alguna marca en concreto?
– ¡Espengler, claro!

Ya por la noche, Rut me dijo:
– ¡Mira, me lo hago ahora y así duermo tranquila!

Yo me tumbé en la cama. Cogí un cómic de Tintín que acababa de comprar en un mercadillo de segunda mano y me puse a leerlo con tranquilidad.

Aquella visita al cuarto de baño se hizo eterna, no sé cuanto tiempo pasó, sé que me dió tiempo a leer 28 páginas. Apagué la música en la página 29 con el fin de adivinar que estaba pasando en el interior del aseo…

Un resoplido y un sonido, mezcla de risa nerviosa y llanto me hizo cerrar el libro de golpe. Lo dejé sobre la mesilla. Tomé aire e intente relajar el estómago, pues volví a sentir de nuevo la sensación de ensaimada empapada en mi interior.
¿Otra vez volver a pasar por lo mismo?
No pensaba en absoluto en la criatura que venía, sino pensaba en Mar, en nosotros, en mi… en nuestro entorno, en el trabajo, en nuestra salud… ¡No! ¡Padre primerizo otra vez no!…
Pero… ¿Un momento? ¿He dicho padre primerizo? ¿Primerizo de qué?

Al contrario, resulta que este es el acontecimiento que esperaba para definir cuando una persona dejaba de ser realmente primeriza. Justo en este momento empecé a pensar en un nuevo miembro de la familia, se me alivió el nudo del estómago, no sé porqué, se me vino a la cabeza que sería niño. Casualmente estuvimos hablando Rut y yo sobre ello la semana pasada. Ella dijo que le gustaba el nombre de LEO para un niño. Creo que a mi también me gustó, porque lo único que dije, medio en broma, fue que si era niña que ni se le ocurriera ponerle Leonor.

Todo se aclaró en mi cabeza, simplemente por haber pasado por todo lo que pasamos con MAR el pequeño LEO vendría con un pan bajo el brazo y montando en bicicleta. Ni de coña caeré en los errores de padre primerizo en los que caí y por su puesto, no tendré los temores que tuve en su momento. Además, seguro que Mar nos echará una mano.

Esperé a que Rut saliera del baño. No salió por si sola. De echo tuve que gritar:

– ¡¡Eeeoh!! ¿Va todo bien? Por fin salió Rut del baño. Su cara era inexplicable, una mueca de alegría y tristeza muy difícil de describir.

Se sentó a mi lado muy despacio, sin decir nada. Me miraba apretando los labios como esperando a que yo le dijese algo. Nos abrazamos. Le besé en la barriga y en voz bajita susurré:

¡Bienvenido Leo!

leo_5semanas

P.D: Querido hijo. Sé que es un poco pronto para empezar a pedir. Papi te querrá igual y lo sabes. Pero si puedes poner algo de tu parte, sal después del 10 de Septiembre. ¿Vale?

Extracto del libro: “Memorias de un padre primerizo”. Editorial Círculo Rojo. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados. - 52 páginas y 12 ilustraciones.