Parece que fue ayer, lo pienso y todavía se me pone un nudo en el estómago. De hecho, yo era de esas personas que no creía en el amor a primera vista.

Todo esto dio un giro de 180 grados el día que nació mi hija, exactamente en el momento del alumbramiento, pues fui uno de esos afortunados padres que pudo estar presente durante todo el parto.
Todo ocurrió en el preciso instante en el que el ginecólogo, ayudado por un par de matronas, sacó a nuestro bebé a la luz y pude escuchar por primera vez su llanto.

Tuve la sensación de que algo o alguien apretaba con fuerza mi corazón desde dentro y quizás influenciado por el cansancio, arranqué a llorar de manera desconsolada; no lloraba por un sentimiento de pena, ni tampoco de alegría, era, sin duda alguna, una sensación que no había tenido jamás por nada ni por nadie; su primer llanto me hizo ver que nosotros éramos los únicos responsables de su vida y descubrí que estaba dispuesto a querer y proteger a aquella diminuta criatura, por encima de todas las cosas.

Ese día comprendí lo que significa el “amor a primera vista”.

Comienza la gran aventura

La matrona nos lo dejó soberanamente claro en cuanto nos trajeron al bebé, tras el parto, a la habitación del hospital: Os voy a explicar como se cambian los pañales sólo una vez y no quiero tener que volverlo a repetir ¿estamos?

Esta es la imagen que yo vi en mi mente, cuando la comadrona me dijo estas tiernas palabras…

Aquellas palabras marcaron el inicio de nuestras vidas como padres primerizos. Fuimos conscientes de la magnitud del asunto en cuanto llegamos a casa y nos quedamos los tres a solas.

¡Que es nuestra, tuya y mía! Que tenemos que cuidar de ella… ¡Hasta que sea mayor de edad por lo menos!

Y así fue, la verdadera aventura comenzó en el momento que nos quedamos solos ante el peligro.

Da igual el tipo de persona que fueras antes. Una vez pones un bebé en tu vida te transformas igual que un gusano se convierte en mariposa. Tu aturdido cerebro por el sueño, comienza a mezclar los conceptos que te explicaron en los cursillos de preparación para el parto, con los artículos de las revistas para bebés que te hizo leer tu pareja y estos, añadidos a los acertados consejos que te propina a diario tu suegra, hacen que te sientas como el Stephen Hawking de la paternidad responsable.

Preparas el baño, le das el biberón, le cambias los pañales, le sacas los mocos y no contento con todo esto pretendes generar tus propias conclusiones, sin esperar, que en la mayoría de ocasiones, tus grandes ideales o tu forma de llevarlos a cabo, no resulten del agrado de tu pareja. Es en este punto, cuando dos grandes planetas convergen en sus órbitas y parece que las chispas están a punto de saltar:

_ Pues yo pienso, que es mejor darle primero de cenar, así, si hace caca, luego la bañamos y se va a dormir limpita…
_ ¿Qué?¿Bañarla primero?¿Acaso no sabes que puede darle un corte de digestión? ¿No entiendes que si se baña primero luego estará más relajada durante la cena y propiciaremos la generación de endorfinas naturales para que luego disfrute de un sueño reparador?…

Discusiones siempre cargadas de argumento, unas veces apoyadas en puras teorías y otras basadas en experiencias propias que no terminan por convencer a las dos partes por igual, lo que termina generando una pequeña lucha de guerrillas en el seno de la familia y provoca que nos alegremos de los fallos en la estrategia de nuestro rival:

_ ¿Ves? ¡Ya te lo dije! Te dije que si no le dábamos biberón después del pecho se iba quedar con hambre…
_ ¿Que no le has puesto un body debajo del pijama? ¡Te dije que tendría frío!…

Todas estas situaciones, unidas a la falta de muestras de cariño por parte del bebé pueden hacerte pensar en buscar por todas partes el tique regalo para devolver al bebé y cambiarlo por algo que genere menos trabajo, que venga con manual de instrucciones y sobre todo, que tenga botón de apagado. ¡Un robot de cocina por ejemplo!

Durante las primeras etapas de la paternidad podrás llegar a entender, por qué en algunas especies animales, los machos, son capaces de devorar a sus crías al nacer y de la misma manera, te darás cuenta que en la especie humana, algo que podemos llamar “amor a primera vista” nos impide, por los pelos, llegar a hacerlo.

Guía urgente del padre primerizo

Extracto del libro: “Guía urgente para el padre primerizo”.
Editorial Larousse. Texto y dibujos originales de Rafa Esteve. Todos los derechos reservados.
- 197 páginas y 32 ilustraciones.

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